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Efecto Green – Blog Slow Life

Yo tenía un lunar sexy…

relaciones y personas toxicas

Entro en la consulta del médico y me encuentro con 6 personas.

¿En serio? – pienso – ¿Habrán enviado una alerta a la Facultad de Medicina para avisar de que hoy voy a enseñar mi zona íntima al Hospital de Sant Pau?

No sé ni a cuál mirar. Todos parecen tener la misma edad.

Uno se levanta, me mira y me dice:

Sácate el pantalón y túmbate allí.

Una pena. Cómo algo tan prometedor podía resultar tan incómodo…

Me tumbo en la camilla y empieza el desfile de residentes.

Sí señor. Uno a uno, lupa en mano, van examinando mi entrepierna. Concretamente, mi lunar sexy (que por aquel entonces ya no era sexy).

He aquí mi gran aportación a la ciencia y a los futuros médicos de Barcelona.

Ay…déjame mirar otra vez – dice una.

¿Perdona?

A ver…hija de mi corazón…mira todo lo que tengas que mirar en la primera ronda que la siguiente ya no es gratis.

Y allí estoy yo. Sin pantalón. Con un volante de Urgencias que me había dado el médico de cabecera el día antes para que me analizaran un lunar en la ingle derecha.

Esto tiene muy mala pinta. Tienen que hacerte una biopsia lo antes posible – me había dicho.

Así con delicadeza, como le debieron enseñar en el Máster para Tranquilizar a Tus Pacientes que ¡NUNCA HIZO!

Pero, déjame que empiece por el principio…porque esto, en realidad, es una historia de amor.

Mi lunar sexy

Yo tenía un lunar sexy en la ingle.

Sí. Ya sabes. Uno de esos lunares que quedan bien.

Tamaño correcto. Lugar correcto. Efecto correcto.

Un lunar sexy de toda la vida, vaya…

Si eres de los desafortunados que no tiene uno…pues claro, no sabes de lo que te hablo pero para que te hagas una idea mi lunar sexy era como el de Cindy Crawford o el de Eva Mendes pero en la ingle.

Allí estuvo siempre, desde que nací.

No recuerdo cuándo fui consciente de su gran potencial pero con el tiempo, le cogí mucho cariño.

Sin embargo, un día mi lunar sexy mutó. Dejó de ser como el Cindy Crawford para parecerse al de Enrique Iglesias.

¿Te acuerdas de aquel lunar de Enrique Iglesias? Aggg…

Una especie de verruga gigante en medio de la cara.

Pues bien…por doloroso que fuera. Mi lunar sexy se había convertido en eso.

Cómo había pasado algo así sin que me hubiera dado cuenta…era un misterio, pero lo cierto es que antes de llegar al Hospital de Sant Pau con un volante de Urgencias, mi lunar sexy ya había dado un primer aviso.

Todo empezó 5 meses antes

Estoy en A Coruña, unos meses antes de venirme a vivir a Barcelona, cuando mi lunar sexy se pone a sangrar…así que me voy directita a la consulta del dermatólogo.

Me recibe un señor mayor que sin mirarme me dice que me saque el pantalón y que me tumbe.

Allá voy.

Me mira bien. Coge lupa. Mira otra vez y concluye:

Eso no es nada pero se puede sacar. Pide cita y listo. Se hace rápido.

Y antes de que me vaya por la puerta, se gira y me dice:

Ah sí, te quedará cicatriz.

Me giro, arqueo una ceja y pienso:

¿Perdone?

¿Me está diciendo que esto está sano?

¿Que no pasa nada?

¿Que en mi tumba no pondrá que morí por culpa de un lunar sexy…?

¿Que usted me lo va a sacar y a cambio me va a dejar una cicatriz?

¿Y encima me lo dice así antes de que me vaya por la puerta como si fuera una cosa menor?

¿Estamos locos?

Este señor no tenía ni idea de que aquel era mi lunar sexy.

A ver…que era el único.

Si me dices que tengo 5 pues puedo prescindir de uno pero ¡coño! que no había más. Cambiarlo por una cicatriz no me parecía el mejor plan.

La naturaleza me había agraciado con un lunar sexy…no podía deshacerme de él tan fácilmente.

Así que salí de allí negándome en rotundo.

Si no era malo ahora…no sería malo más adelante. Podía convivir con él en plena harmonía.

Error. Aquel lunar me la jugó bien…una traición en toda regla.

Y así fue cómo llegué hasta la sala de Urgencias del Hospital de Sant Pau cinco meses más tarde.

Vuelta a empezar

Y allí estoy, con todos los residentes de Medicina mirándome fijamente.

¿Qué quieres hacer? – me vuelve a preguntar el médico – ¿Lo sacamos ahora o pides cita para venir otro día?

Caray. Qué decisión…Pero sí, aquello ya no tenía sentido.

Ese lunar ya nunca volvería a ser el que había sido, así que por qué aplazar lo inevitable…

Y así fue como un jueves cualquiera de un mes cualquiera, me despedí de mi lunar (ex) sexy.

Anestesia local, bisturí y 6 médicos residentes mirando con atención mi entrepierna…

No era el adiós que me había imaginado pero fue así…rápido e indoloro.

El resultado: una cicatriz inapreciable, una biopsia negativa y una historia que me recuerda la importancia que tiene deshacerte de lunares sexys cuando se han transformado en verrugas asquerosas.

No, no estoy loca. Déjame que te lo explique.

Hay veces que nos aferramos a algo, una situación, una pareja, un amigo o un familiar como yo a mi lunar (ex) sexy.

Nos agarramos con fuerza a ellos porque no los queremos dejar ir a pesar de que ya no son lunares sexys….y se han convertido en verrugas que hay que extirpar.

Mira, te seré sincera. Yo no soy buena en esto.

Me cuesta dejar ir a la gente de mi vida porque todavía no tengo muy bien definida la diferencia entre el ser buena y el ser gilipollas.

Así que perdono fácilmente porque sé (o me gusta creer) que la gente no me hace daño con mala intención.

De todo se aprende. También de las personas tóxicas

Así que ya ves, soy optimista por naturaleza y me encanta ver el lado positivo de cada situación.

Supongo que ahora estás flipando preguntándote…

Pero, a ver…las relaciones tóxicas: ¿son buenas o malas?

Y la verdad es que quiero compartir contigo la visión optimista de Borja Vilaseca quien asegura que este tipo de personas son, en realidad, tus maestros espirituales y que la vida te los pone delante para aprender.

Y ojo, porque Vilaseca asegura que cualquiera de nosotros también pudimos haber sido maestros espirituales de otras personas…es decir, que les hemos hecho daño, aún sin habernos dado cuenta.

Así que deja de hacerte la víctima, asume tu parte de culpa en las situaciones que no te gustan y aprende a manejarlas con inteligencia emocional.

Para ello, te dejo este artículo que te dice muy bien cómo hacerlo.

Y si quieres un poquito más, échale un ojo a este vídeo en el que el propio Borja Vilaseca te explica cómo relacionarse con personas conflictivas sin perturbarte.

Y tú, ¿has identificado a algún maestro espiritual cerca? Reflexiona…quizás sea el momento de extirparlo o aprender algo de él.