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Efecto Green – Blog Slow Life

Slow life ¡Todo lo que necesitas saber!

Slow Life

Nos levantamos a toda prisa, ducha rápida, desayuno veloz y corriendo al trabajo. Con hijos, la cosa es más lenta pero no por ello menos estresante. Los niños llevan su propio ritmo y los adultos queremos que se adapten a nuestros tiempos…a los de la velocidad.

Seguro que esta situación te suena y puedes creer que es hasta normal, al fin y al cabo ¿quién quiere despertarse cuando se está tan a gusto entre las sábanas? Es verdad…apuramos los últimos minutos de dormir, la pereza se adueña de nosotros cada mañana y aunque queramos evitarlo siempre acabamos igual.

Esta situación tan cotidiana no sería un problema si se quedara ahí. El problema es que vamos pasados de revoluciones durante todo el día.

Llegamos al trabajo y estamos estresados: papeles, reuniones, teléfono…Salimos corriendo para ir al gimnasio, la compra o a recoger a los peques.

Llegamos a casa con la lengua de fuera y todavía queda cocinar la cena…¿cocinar qué? Después del día de locos no tenemos tiempo para hacer nada saludable y sabroso. Algún producto precocinado nos servirá para devorar delante de la serie de turno antes de ir para la cama.

Y al día siguiente…vuelta a empezar.

Para frenar esta carrera sin freno llega la Slow life, un estilo de vida relajado, natural y consciente. Sobre todo esto…consciente. Porque a veces vamos por la vida como zombies, de un lado a otra buscando la meta…sin disfrutar del camino.

¿Qué significa Slow life?

Pero empecemos por el principio: ¿qué significa Slow life? Pues bien, el significado literal es algo así como la vida lenta, lo cual ya nos dice mucho sobre los principios en los que se basa.

A la Slow life también se la conoce como Slow living y Slow life style, con una traducción literal al español de vivir lento o estilo de vida lento.

Vida slow, vida lenta, vida tranquila…son muchas las maneras de nombrar a una misma filosofía en la que el símbolo es el caracol.

¿Cómo surge el movimiento Slow life?

El germen que hizo nacer el movimiento slow fue la comida. En 1980, el periodista Carlo Petrini paseaba por la Piazza di Spagna de Roma cuando vio que en una de sus esquinas iban a abrir un McDonald’s. Eso, en un país como Italia en el que existe un fuerte culto a la alimentación casera, fue todo un punto de inflexión.

Fue así como Petrini y un grupo de activistas convocaron una manifestación en contra de aquella apertura. El objetivo era defender la alimentación tradicional.

En contraposición a la fast food que representaba la cadena de hamburguesas americana, Petrini y sus amigos decidieron llamar al movimiento slow food.

A partir de ahí su crecimiento fue en aumento y poco a poco se fue introduciendo en otros ámbitos.

¿Cómo se da el salto de la Slow food a la Slow life?

El paso definitivo lo dio Carl Honoré con su libro Elogio de la lentitud, con el que se convirtió en el referente del movimiento lento.

Un día, este periodista canadiense vio un anuncio en el que se presentaban libros para dormir a los más pequeños de la casa en tan solo un minuto. Eran versiones resumidas de cuentos clásicos como Blancanieves o La Bella y la Bestia.

Lejos de pensar que era una locura, le pareció el invento del año. Así que cuando reflexionó sobre ello se dio cuenta de que tenía que frenar y vivir una vida más lenta. ¿Cómo era posible que ya no tuviera tiempo para leer un libro a su hijo?

¿Qué NO es Slow life?

👎🏼 Slow life no es hacerlo todo lentamente desde un punto de vista literal.

👎🏼 No se trata de llegar tarde a todos lados con la excusa de que llevamos una vida slow y no queremos que nadie ni nada nos estrese.

👎🏼 Tampoco es trabajar de manera dejada, sin respetar las fechas de entrega o los picos de carga laboral.

👎🏼 Slow life no significa dejar de lado la tecnología, los móviles y todos los avances modernos…

👎🏼 Tampoco es irse a vivir a un pueblo perdido en mitad de la montaña para llevar una vida ermitaña.

👍🏼 Slow life es ralentizar, es verdad, pero siendo consciente de los tiempos en los que vivimos.

👍🏼 Podríamos decir, que la Slow life trata de poner los avances a nuestro servicio y no al revés. Es trabajar para vivir pero no vivir para trabajar. Es disfrutar del tiempo que tenemos con la gente que queremos. Es estar aquí y ahora, disfrutando del presente sin pensar en lo que ya pasó o en lo que está por venir.

👍🏼 Slow life es vivir conscientemente. Pero, mira, te lo voy a explicar mucho mejor. Vamos a ver en qué es esta filosofía exactamente.

¿En qué consiste la filosofía Slow life?

Como ya hemos visto, el concepto principal de la vida slow es ralentizar, pisar el freno para disfrutar de las pequeñas cosas del día a día.

¿Pero esto contradice a lo último que me has dicho? – pensarás.

No, vamos a verlo con calma para entenderlo mejor.

Vivimos a toda velocidad

No solo nos movemos rápido de un lado para otro sino que además vivimos estresados todo el día.

Los médicos aseguran que el estrés es cinco veces más peligroso que el tabaco a la hora de provocar enfermedades en la sociedad. Al menos así lo mantiene Víctor Vidal, médico que lleva 10 años investigando el efecto de la ansiedad en nuestras vidas.

Según Vidal, entre el 70% y el 80% de las enfermedades están vinculadas directamente con el estrés. Y aquellas que no lo están directamente, se ven agravadas por esta patología.

Este es el perfil del estrés en nuestro país según un estudio hecho por los laboratorios CinfaSalud, avalado por la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el estrés.

Y no solo esto, vivimos con estrés también el ocio. Tenemos organizados todos los fines de semana del año. Para quedar con amigos tenemos que acordar el día con meses de antelación.

¿Dónde ha quedado la improvisación? La hemos perdido para dejar paso al control de cada hora de nuestra vida.

¿Por qué? Porque creemos que si no hacemos nada es que estamos perdiendo el tiempo. ¡Qué gran error!

¿Cuándo fue la última vez que no sabías qué hacer? Estoy segura que cuando te pasó te pusiste a escribir a amigos para ver si quedabais o miraste en alguna agenda de la ciudad para ver qué había.

No me malinterpretes. Está muy bien hacer cosas pero también tenemos que aprender a aburrirnos.

¿Cuándo fue la última vez que te aburriste porque no tenías nada qué hacer? Seguro que te cuesta recordarlo.

Hemos perdido la paciencia

Llegamos a una cola y nos desesperamos, parece que el de delante va más lento de lo que realmente va y nos pone de los nervios. Si alguien tarda un poquito más en sacar el coche del aparcamiento de aquello que nosotros consideramos lo normal, nos alteramos y (muy probablemente) insultaremos a esa persona para nuestros adentros.

Hemos perdido totalmente la paciencia.

No sabemos esperar en un bar, ni en un restaurante, negocio o atracción turística. Lo queremos todo para ahora mismo y eso nos consume por dentro.

¿Cuándo fue la última vez que te paraste en un semáforo en rojo aunque no pasaran coches? Obviamente, si la calle es una avenida principal, probablemente no te hayas atrevido a cruzar pero ¿ y si es de una pequeña calle? Seguramente habrás cruzado miles de veces así, antes de que cambiara al muñequito verde.

Se nos ha esfumado la paciencia para mejorar también personal o profesionalmente. Queremos ser los mejores en nuestros trabajos incluso cuando acabamos de aterrizar en las nuevas tareas, y queremos un cuerpo de 10 al segundo día que nos apuntamos al gimnasio.

Todas estas prisas nos generan ansiedad y frustración cuando no podemos conseguir lo que queremos en el mismo momento en el que lo queremos.

Vive conscientemente

El movimiento lento nos ayuda a vivir conscientemente, es decir, a disfrutar del camino tanto como disfrutamos de la llegada la meta.

No me canso de decirlo. A pesar de llevar la palabra “lento” en su descripción, la Slow life no es vivir a paso de tortuga (ni de caracol). Este adjetivo se acuñó únicamente en contraposición al de fast food, como ya hemos visto, pero no porque haya que hacerlo todo a un modo pausado hasta el extremo.

Sí que se trata de pisar el freno pero con sentido, con consciencia de lo que se hace para disfrutar de las pequeñas cosas.

Piensa si alguna vez has vivido una de estas situaciones:

  • Has llegado a casa después del trabajo y no sabes cómo lo has hecho.
  • No recuerdas lo que comiste esa misma mañana.
  • Alguien te habla, tus ojos miran a esa persona pero no estás escuchando nada.

En realidad son situaciones muy comunes en la vida de cualquiera de nosotros y son toda una demostración de que vivimos en el futuro o en el pasado, pero no en el presente.

Nuestra mente va siempre a mil por hora. La Slow life nos invita a pisar el freno y ser consciente del aquí y ahora.

Ámbitos en los que actúa la Slow life

La filosofía Slow life actúa desde muchos ámbitos. Estos son algunos de ellos.

Slow food

Como ya os he dicho, la comida lenta fue el origen de todo. Desde que Carlo Petrini acuñó el término en 1980, la Slow food ha ido conquistando el mundo entero.

Empezó en Italia pero poco a poco ha llegado a lugares con mucha menos tradición culinaria. Alemania, Suiza o los Estados Unidos no han querido perderse el placer de la comida lenta y se han sumado al movimiento.

En España también existe. Aquí encontramos restaurantes km0 o proyectos para poner en valor los productos autóctonos y tradicionales.

¿En qué consiste la Slow food?

La comida lenta tiene una filosofía definida para una alimentación buena (sabrosa y de temporada), limpia (ecológica que no perjudique el medio ambiente) y justa ( precios accesibles para el consumidor y pagos justos para el productor):

Además, sus principios también incluyen.

  • Comer atentamente, valorando cada bocado.
  • Disfrutar de la compañía en la mesa, aprovechando para hablar y desconectar de las preocupaciones del día.

CittàSlow

El concepto de ciudad lenta se basa en crear lugares para vivir bien y para disfrutar de la vida cotidiana.

Los coches y motos se han apoderado de un espacio que corresponde a los ciudadanos. El cemento se ha impuesto en donde antes había parques y jardines. Los centros comerciales provocan el cierre de las tiendas de toda la vida. Y en medio del caos, pretendemos vivir y ser felices.

Se ha ido perdiendo la cercanía. La gente camina cabizbaja corriendo de un lado a otro sin tiempo para saludarse, para conocer al vecino o para charlar con el que está delante en la cola del super.

Y todo esto, ¿para qué? ¿Vivimos ahora mejor que antes? Permíteme que lo dude.

La inseguridad se ha adueñado de nuestro entorno. Los niños ya no salen solos a los parques por miedo a que les pase algo. Ya no nos fiamos del de al lado. Cuando alguien se nos acerca para preguntarnos algo creemos que nos quiere engañar, pedir dinero o (peor todavía) robar.

Ante la pérdida de la convivencia en las urbes nace la red internacional de ciudades cittàslow. Este movimiento también surgió en Italia en 1999 y se fue extendiendo hasta llegar a Alemania, Noruega y Países Bajos.

En España también contamos con municipios que se han sumado a esta filosofía de ciudades lentas. Rubielos de Mora en Teruel, Balmaseda en Vizcaya o Begur y Pals en Girona son solo algunos de los ejemplos de cittàslow españolas.

Pero, qué implica ser una ciudad lenta. ¡Vamos a verlo!

¿Qué significa cittàslow?

La palabra en sí viene de la italiana “città” (ciudad) y del inglés “slow” (lento). Es una mezcla de idiomas un tanto extraña pero que rinde homenaje al país que acuñó el término.

Más allá de la nomenclatura, ser una ciudad lenta implica ciertos compromisos.

  • Urbanismo: El urbanismo es una de las partes más importantes de una ciudad slow porque debe estar al servicio de los ciudadanos, mejorar la convivencia y fomentando la vida en la calle. Por eso, los casos históricos son peatonales, con pequeñas calles con negocios locales para pasear y disfrutar de la ciudad. Son lugares de menos de 50.000 habitantes en los que sus habitantes lideran proyectos para fomentar la convivencia entre los vecinos.
  • Agricultura: Apuestan por los productos locales en los que priman la agricultura, ganadería y peca. Todas ellas, prácticas respetuosas con el medio ambiente. En una ciudad slow, sus habitantes disfrutan de comidas tradicionales de calidad.
  • Turismo: Una ciudad slow promueve el turismo sostenible y responsable que causa un bajo impacto sobre el medio ambiente de la zona. De este modo, se ve el turismo como una oportunidad para potenciar sus tradiciones y su cultura propia no como una intromisión en la vida de sus gentes.

Slow travel

Y hablando de turismo, es un buen momento para mencionar otro de los aspectos de la Slow life: el turismo lento.

El movimiento Slow travel reivindica el placer de viajar para entrar en contacto con el entorno. Cuántas veces viajamos para contar lugares en los que hemos estado, sin importar si realmente los hemos vivido.

Si hasta se venden mapas en los que vas rascando aquellos lugares en los que has estado.

Subimos a un avión con prisas, enfadados porque tenemos que esperar y apenas apoya una rueda sobre la pista de aterrizaje ya conectamos nuestros móviles, desabrochamos los cinturones y nos levantamos rápidamente para ponernos en el pasillo.

Estamos todas las vacaciones corriendo de monumento en monumento sin apenas tiempo para perdernos por las calles más alejadas del centro. ¡Cuánto nos perdemos viajando así!

¡Y sin hablar con la gente local! Nos da miedo interactúar con los del lugar y solo hablamos con otros turistas que nos recomiendan más sitios turísticos para ver a toda prisa.

Para luchar contra ese tipo de viajes, nace el movimiento slow travel. En realidad no hay una asociación en sí que englobe esta filosofía pero sí muchas iniciativas que quieren descubrir otros rincones del mundo de una manera diferente.

¿En qué se basa el Slow travel?

Algunas de las bases de esta filosofía son las siguientes:

  • Viaja tranquilo y sin prisas: aprovecha para descansar. No se trata de llegar a casa más cansado de cuándo te fuiste.
  • No es necesario ver todos los monumentos: selecciona los que realmente te interesan.
  • Sé respetuoso con el entorno: y deja todo mejor que como lo encontraste.

¿Quieres algunos consejos? ¡Aquí los tienes!

  • Busca un destino tranquilo: Si estás estresado en tu día día, ¿de verdad quieres ir a New York a disfrutar de tus vacaciones? Quizás en ese momento tienes que llevarle la contraria a todos tus amigos y quedarte en la casa del pueblo o simplemente buscar una pequeña casa rural en un lugar con poco ajetreo.
  • Come local: Aprovecha para descubrir la gastronomía del lugar. Pregunta por el plato típico y busca en donde lo hagan bien. Déjate aconsejar por los ciudadano del lugar. Ellos mejor que nadie saben dónde comer como un auténtico local.
  • Habla con los locales. No tengas miedo a relacionarte. Habla con la gente del sitio. Pregúntales por sus costumbres, tradiciones o historia. Seguro que están encantados de poder presumir de ciudad.

Slow fashion

Compramos un 400% más de ropa que hace 20 años. Nos hemos viciado a la fast fashion, es decir, al comprar-usar-tirar.

La moda impera nuestros armarios y cada temporada hacemos cambio. Adiós a lo de la temporada anterior. ¿Cómo vamos a ponernos la camiseta que se llevaba el invierno pasado? ¡Qué locura!

Tenemos el armario lleno pero seguimos comprando más y más. Las grandes marcas de la moda lo saben y cambian sus colecciones cada semana. Sí, sí. Cada semana entra ropa nueva en las principales tiendas de moda de este país. Es una auténtica locura.

Ante tal consumismo, no solo sufre nuestro bolsillo sino también el planeta. La fast-fashion es una de las industrias más contaminantes hoy en día.

Las cifras del fast-fashion

  • Para producir el algodón necesario para una camiseta se necesitan 2.700 litros de agua. Esta es la cantidad de agua que bebe una persona durante 3 años.
  • Cada español se deshace de 7 kilos de prendas de vestir al año. Entre todos esto suma más de 320.000 toneladas.
  • La industria textil es responsable del 8% de las emisiones de C02 y del 20% de los vertidos tóxicos a ríos y mares.

A los daños hacia el medio ambiente hay que sumar los personales. La industria está totalmente deslocalizada. Las prendas que compramos aquí se hacen a kilómetros de distancia en unas condiciones infrahumanas.

La tragedia sucedida en Bangladesh en el 2013 hizo saltar todas las alarmas. y puso de manifiesto lo que ya todos sabíamos: las precarias condiciones de trabajo en las que se fabrica la ropa que nos ponemos.

Consumir menos y más slow

La Slow fashion es una filosofía de consumo responsable de ropa. Según la Asociación de Moda Sostenible de España esto es lo que significa Slow fashion:

Entendemos por moda sostenible toda prenda o complemento que respete el medio ambiente, la salud humana y de los trabajadores, y que potencie el uso de materiales sostenibles, la reutilización de materiales existentes y la producción local.

Poco más hay que decir, creo yo. Simplemente añadiría que la Slow fashion promueve también un consumo responsable desde el punto de vista de la cantidad de prendas que poseemos.

Debemos disminuir el consumo de ropa dejándonos llevar por las modas impuestas por las grandes marcas de la moda. No necesitamos tantas prendas, ni un armario nuevo cada año.

Si consumimos menos pero de mejor calidad también conseguimos que nuestras prendas duren más tiempo, por lo que compramos menos y disminuimos los residuos generados.

Para una compra slow, aquí tienes esta página, en la que encontrarás un listado muy completo de tiendas Slow fashion. ¡No te las pierdas!

Educación Slow

La educación lenta o Slow education se rebela contra un modelo basado únicamente en los resultados y promulga una educación a otro ritmo.

En España, un estudio de la OCDE pone de manifiesto que en nuestro país hay 246 horas lectivas más que en Finlandia, sin embargo los alumnos españoles están peor formados. ¿Cómo es posible?

slow educacion

Cada año, el informe PISA nos deja a la cola en educación comparándonos con nuestros colegas europeos (aunque en el último informe los datos mejoraron un poco y todavía estamos pendientes de los resultados de este año) pero nunca se lleva a cabo una reforma transgresora y realmente rompedora para intentar cambiar esos resultados.

Los principios de la educación lenta

La pedagogía del caracol tiene también un maestro. Es Joan Domènech, autor de Elogio de la educación lenta.

En este libro, este catalán, profesor en la Escuela Fructuós Gelabert de Barcelona pide una reflexión para respetar los tiempos de aprendizaje de cada alumno. Además plantea las bases para llevar a cabo una educación slow:

  • En educación, menos es más.
  • El proceso educativo tiene que ser sostenible.
  • Hay que devolver tiempo a la infancia.
  • Se debe tener en cuenta el resultado pero también el proceso.
  • Los centros educativos deben trabajar la creatividad y el descubrimiento.
  • Los alumnos deben saber argumentar, reflexionar, escuchar y debatir.
  • No penalizar el error, ya que forma parte del aprendizaje.
  • Trabajar la concentración del alumnado.
  • Crear huertos escolares para ralentizar el ritmo y situarlo al mismo nivel que el del crecimiento de las frutas y las verduras.

¿Qué te parece? ¿Te animas? Pues todo empieza en casa. Tal y como dice Carl Honoré en su libro Elogio de la lentitud: “La educación lenta empieza en casa. (…) Los padres pueden dar forma al uso de su tiempo, mostrarles el valor del silencio y de la reflexión y enseñarles el arte de la paciencia.”

Técnicas Slow life

Como has visto hay muchos ámbitos en los que actúa el movimiento slow. Precisamente por ello es muy difícil establecer unas técnicas que te sirvan para todos.

Aquí me voy a enfocar en darte una serie de consejos para reducir el estrés y disminuir la marcha durante el día a día.

Hábitos Slow life al despertarte

  • Levántate media hora antes.
  • Cuando suene el despertador, apágalo y quédate en la cama.
  • Estírate bien para decirle a tu cuerpo que ha empezado un nuevo día y que estás listo para triunfar.
  • Sonríe. Sí, no te apetece nada pero hazlo. Así le estarás enviando a tu cerebro la señal de que estás feliz aunque no lo estés. Parece una chorrada pero no lo es. Marca tu actitud para enfrentar el nuevo día.
  • Levántate, prepara el desayuno y lee ese libro que te gusta y que siempre dejas para la noche. Usa 15 minutos para leer y verás qué cambio.
  • Plántate delante del espejo, mírate a la cara (sí a esa cara hinchada de recién levantado) y repite uno de estos mantras: Hoy va a ser un gran día / El tiempo es para disfrutarlo y eso es lo que voy a hacer / Tengo suerte en la vida y doy gracias por ello.

Hábitos Slow life en el trabajo

  • ¿Puedes ir andando? ¿en bici? ¿en medio de transporte público? Si puedes, hazlo. Viajar en coche propio puede ser agotador y muy estresante, así que si tienes la posibilidad, evítalo.
  • En el trabajo, saluda a tus compañeros. Sí a ese que te cae mal, también. Hazlo de verdad y con una sonrisa. Si tú sonríes incitas al otro a hacerlo también. Quizás puedas cambiar esas caras de lunes por la mañana con tu actitud.
  • Organízate. ¿Estás agobiado porque tienes mucho trabajo? Invierte unos minutos en planear el resto de la jornada. Escribe todo lo que tienes que hacer en una hoja o en el ordenador. Una vez con todas las tareas, prioriza las más importantes y empieza. No te agobies por las que quedan y céntrate en las que ya has hecho.
  • Descansa. Sí, lo sé, hay días que no tienes tiempo ni para ir al baño pero tienes que levantarte y descansar. Por salud ocular, salud postural pero también por salud mental. Sal de tu oficina, vete a dar un paseo o vete a la cocina, a la salita de reuniones o a cualquier otro espacio que tengáis disponible. Vete sin móvil, relaja la vista y la mente. Cuando vuelvas tendrás las ideas más claras y más energía para seguir.
  • No comas delante del ordenador. Disfruta de ese momento con tus compañeros o simplemente contigo mismo pero no lo hagas delante del ordenador. No serás más productivo por pasarte más horas delante del ordenador. De lo que se trata es de saber desconectar para utilizar el tiempo de trabajo al máximo posible. Esto te ayudará a ser más productivo y por lo tanto estarás menos agobiado por las tareas pendientes.

Hábitos Slow life en la calle

  • Camina conscientemente.
  • Fíjate en los negocios nuevos, en la gente que pasea o en los niños que ríen.
  • No pienses en lo que pasó en el trabajo ni en todo lo que tendrás que hacer al día siguiente. Simplemente, camina. Deja que los pensamientos lleguen a mente pero déjalos marchar. Si no lo haces llegarás a casa enfadado y estresado en vez de disfrutar de ese tiempo de ocio.
  • Haz algo nuevo al menos un día entre semana. Puedes ser ir al cine, a meditación, quedar con un amigo, pintar, leer un libro, ir a ver un museo o una zona de la ciudad que no conoces. Rompe la rutina un día a la semana. Ve con los peques a un parque nuevo o a dar un paseo hasta un poquito más tarde. Que un lunes parezca viernes (pero sin pasarte, especialmente con los niños que necesitan sus rutinas).
  • Habla con la gente. No quiere decir que pares a nadie por la calle para darle la brasa pero sí que puedes hablar en el supermercado, con otros padres en el parque, con alguien en un ascensor…
  • Párate en los semáforos en rojo por muy absurdos que parezcan. Espera a que cambie a verde y trabaja así la paciencia.
  • Haz una ruta diferente al menos una vez a la semana. Intenta ir por otra calle al supermercado, al trabajo o al cole de los niños. Modifica el camino y ayudarás a tu cerebro a estar preparado para los cambios en todos los ámbitos de la vida.
  • Sácate el reloj de la muñeca. En serio, si lo llevas hazlo hoy mismo y te darás cuenta de cuántas veces lo miras por inercia sin que te importe la hora que es.

Hábitos Slow life en casa

  • No acumules cosas. Practica el desapego y ten una casa funcional con aquellos utensilios que te sirven realmente y que usas frecuentemente.
  • Mantén la casa ordenada. El orden es vital para mantener también tus ideas claras y tu vida encauzada. Este hábito te dará serenidad y calma interior.
  • Busca un momento todos los días para ti. 10 minutos serán suficientes para aislarte y relajarte. No hagas nada, solo túmbate y descansa. Si sabes meditar o conoces alguna técnica, es el momento de ponerla en práctica. Si no, no pasa nada, simplemente para durante 10 minutos y fíjate en tu respiración. Intenta que poco a poco sea cada vez más tranquila.
  • Come sin la televisión. Aprovecha este momento para disfrutar de la comida hablando con la familia o los compañeros de piso. Si vives solo, es el momento perfecto para comer conscientemente y ser agradecido con la vida.

Estos son solo algunos de los hábitos que puedes empezar a introducir en tu rutina diaria. Pero hay muchos más. En este artículos encontrarás otros consejos para una vida slow. En este otro, te dejo algunos para llevar una Slow life en la ciudad.

Y te quiero dar un último consejo: cuestiónate todo lo aprendido hasta el momento, duda de todo aquello que te han dicho que tiene que hacerse así y busca tu propia manera de vivir.

Libros Slow life

Para iniciarte en el mundo slow puedes empezar por mi Guía Slow life. Es gratis y en ella te doy consejos sobre cómo llevar una vida slow desde un punto de vista un poco diferente. Es muy sencillita de leer y estoy segura de que aprenderás algo nuevo que podrás poner en práctica para vivir de una manera más natural.

Guía Slow Life Gratis

Con todo el cariño que le tengo a mi guía, he de reconocer que está lejos de estar a la altura de grandes libros sobre la filosofía Slow life. Aquí te dejo algunas lecturas recomendadas.

Elogio de la lentitud de Carl Honoré

Lectura obligatoria. Es la biblia del Slow life y el punto de partida para todos aquellos que quieren iniciarse en este estilo de vida.

Elogio de la lentitud es un paseo por todos los ámbitos del Slow life desde la visión del periodista canadiense que se adentra poco a poco como un descubridor más.

Es una lectura que ayuda a reflexionar y que te da una visión muy exacta sobre lo que significa todo este movimiento.

Slow life: Guía práctica para un auténtico cambio de vida de Alejandra Rodríguez

Alejandra era jurista hasta que un día decidió darle un cambio de rumbo a su vida para adentrarse en el coach personal.

Así fue como creó este libro en el que invita al lector a llevar una vida más relajada a través de reflexiones, ejercicios y propuestas para configurar su propio estilo de vida.

Este libro no se centra en explicar el movimiento Slow life sino en poner en práctica en tu vida diaria, hábitos y rutinas que te hagan llevar una vida más plena y feliz.

Slow life frases

A veces una frase nos ayuda a reflexionar. Por eso, quiero dejarte aquí las mejores frases Slow life para recapacitar y ralentizar en el día a día.

  • Hoy, simplemente vive tranquilo.
  • Tú creas tu propia calma.
  • Respira profundamente, vive el presente y pregúntate qué es verdaderamente importante para ti en este mismo momento.
  • A veces, simplemente necesitas bajar el ritmo, mantener la calma y dejar que las cosas fluyan.
  • Deberías meditar 20 minutos al día, a menos que no tengas tiempo: en ese caso deberías sentarte una hora.
  • Deja de valorar a la gente que está siempre ocupada.
  • Recuerda: no pasa nada por ser feliz con una vida tranquila.
  • Y una vez que dejó de correr, se dio cuenta de cuánto tiempo tenía para vivir.

Tú también lo tienes. ¡Aprovéchalo!