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Efecto Green – Blog Slow Life

Mi filosofía slow life

Que es la filosofia slow life

Antes de irme a Australia estaba muy lejos de seguir una filosofía slow life. Vivía en A Coruña, mi ciudad natal y trabajaba como periodista en una televisión autonómica. Tenía casa, coche, novio, amigos, familia, un trabajo… Lo tenía todo pero mi cuerpo empezó a mandarme señales inequívocas de que algo no iba bien. Según pasaban las horas del día me iba saliendo un sarpullido por las palmas de la mano y por toda la cara.

Me hicieron todo tipo de pruebas y todas dieron negativo. Mientras, mi madre, no se cansaba de decirme que aquello era estrés. Pero lo cierto es que yo no me sentía estresada. El tiempo le ha dado la razón. Desde que me fui a Australia, nunca más me volvió a salir un punto rojo y si algo tengo claro en mi vida es que no permitiré que eso vuelva a pasar.

 

Por aquel entonces no tenía ni idea de lo que era llevar una filosofía slow life. Ahora, echando la vista atrás me doy cuenta de lo mal que canalizaba el estrés. Me preocupaba en exceso por todo y eso me pasaba factura. Tampoco supe pedir ayuda a tiempo, pensando que eso demostraría una debilidad que no quería reconocer. ¡Qué absurdo!

Siempre digo que Australia fue una huida hacia adelante para escapar de todo y de nada a la vez. Sin duda, ha sido la mejor huida que podía haber emprendido. Salir de mi realidad, de esa zona de confort tan mencionada últimamente, me ayudó a reaccionar.

Allí, por primera vez en mucho tiempo, viví sin estrés ni preocupaciones. Allí aprendí a disfrutar del presente y de las pequeñas cosas. Aprendí a saborear cada momento, llenando mis días con actividades y personas que realmente me aportaban algo. El resto…podía esperar.

filosofía slow life

Cambio de rumbo hacia una filosofía slow life

Ahora vivo en Barcelona. Poco tiene que ver con una filosofía slow life pero la rapidez que me rodea me ayuda a ser consciente de la necesidad de reducir el ritmo. Vivo sin reloj. Me lo saqué hace tiempo cuando me di cuenta de que lo miraba demasiado. Obviamente, el móvil hace su función cuando tengo que llegar a una hora concreta pero ya no voy corriendo de un lugar a otro. Si quieres, también se puede llevar una vida slow en las ciudades.

Trabajo en el mundo del marketing, un mundo que puede ser muy estresante pero tengo la suerte de trabajar en una empresa en la que me dan mucha libertad, saben que la carga de trabajo es inabarcable y por lo tanto me exigen objetivos realistas.

De todos modos, ahora ya sé cómo reaccionar cuando me veo saturada. Me ayuda pensar solo en lo que estoy haciendo, en vez de agobiarme por todo lo que me queda por hacer. Ahora tengo tiempo para mí y reservo momentos para descubrir la ciudad yo sola, tranquila y a mi ritmo. Si no me apetece hacer nada, me tiro en el sofá y leo. No tengo miedo a aburrirme, ni necesito llenar las horas del día para sentirme plena.

Respeto mucho más a los demás y su manera de entender el mundo. También es verdad que he aprendido a alejarme de aquellos que se pasan el día quejándose de todo y de todos. ¡Qué pesados! Cuánta gente se levanta ya de mal humor, absorbiendo la energía de los demás.

Yo también tuve mi temporada así pero ya no. Si algo no me gusta lo cambio y si no lo puedo cambiar entonces modifico mi manera de enfrentarme a esa realidad. Desde luego no caigo en una espiral de negatividad sin fin que no lleva a ninguna parte. He aprendido a reaccionar y a ver lo mejor de cada persona y de cada situación.

No todo es perfecto

Obviamente, no todo es perfecto y lo sé. Tampoco es que viva en un mundo flower power en el que salgo de casa cantando y saltando entre ardillas y conejitos. Además, como siempre digo, soy una aprendiz de esta filosofía slow life así que hay días en los que también tengo miedo…

A veces, me da miedo pensar en quedarme en esta ciudad para toda la vida y otras me da miedo pensar en no quedarme aquí y tener que empezar de cero en otro sitio. Hay días en los que me da miedo estar lejos de mis padres mientras se hacen mayores o de los más peques ahora que se hacen grandes…También me da pena no estar en los malos momentos para abrazar a un amigo, o en los buenos para celebrarlo juntos.

Como veis soy como un tíovivo de emociones. Mi hermana dice que soy inestable pero yo creo que ahora soy más libre. Me conozco mejor y expreso mis sentimientos con tanta facilidad que claro…ella se cree que estoy loca. Pero no es verdad.  Ahora sé controlar mis emociones evitando los sentimientos que me hacen daño y aprendiendo de los positivos. Y cuando una sensación negativa viene para quedarse respiro y pienso en todo lo que puede ir bien en vez de ponerme en la peor situación. Cada problema, una solución. Si no hay problema, entonces no vale la pena perder el tiempo buscando la solución…

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